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El martirio y nosotros
- Publicado: Viernes, 03 Abril 2026 01:31
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Por Santos Jacinto Dávalos
Viernes Santo 2026
Hoy, Viernes Santo, recordamos la muerte de Jesucristo en la Cruz, que es la peor de las muertes. Muere torturado, vilipendiado, escarnecido.
¿Por qué muere Jesús? Si no había cometido ningún delito. Muere porqué cometió el peor de los pecados para el orden institucional vigente. Proclamó la igualdad de los hombres ante Dios y la consigna amaos los unos a los otros, lo que pone en dudas y disiente con un sistema de esclavitud, vasallaje, pobreza extrema de los más humildes y privilegios para los ricos y poderosos. El ganador de una guerra de conquista esclavizaba a los perdedores. Los humildes no tenían injerencia en los asuntos del Estado. La mujer estaba más cerca de ser una cosa que una persona.
Esta situación era absolutamente incompatible con la predica de Jesús. Igualdad ante Dios y amarse los unos a los otros. El poder romano, la pax romana, estaba siendo cuestionada. Pues ¿cómo tolerar la esclavitud y el vasallaje si debíamos amarnos los unos a los otros? La igualdad de los hombres ante Dios es la antesala de la igualdad de los hombres ante la ley, algo que Roma no podía permitir.
Jesús no tenía riqueza, ni ejércitos, ni poder terreno. Sin embargo, su prédica crecía constantemente, y sus seguidores eran cada vez más numerosos, lo que inquietaba al César. Por otra parte, al vivir con humildad y predicar la igualdad y el amor, desnudaba los privilegios y el oscurantismo de la religión predominante. El crecimiento de Jesús disminuía el poder religioso. Por ello fueron los principales impulsores de su muerte.
Nuestro Cristo nos dejó una estela con el camino a seguir. Predicó con el ejemplo y murió por sus convicciones. Pero cada vez menos caminantes transitan el camino de Jesús, especialmente los de rito católico.
Luego de muertes, cárcel, exilio, torturas y venganza que se extendía a sus familiares, se logra una ley fundamental, superior a cualquier otra y a todas juntas. Es la Constitución.
¿Qué debemos hacer para que dos mil años después, los salteños, como un hecho colectivo, pongamos en marcha las enseñanzas del mártir del Calvario?
Nuestra Constitución de Salta proclama la igualdad absoluta del hombre y la mujer. Pero en la práctica no es así. En doce departamentos nunca fue elegida una mujer. Y en muchos otros se eligió a la madre, a la esposa o la amante del jefe político. La mujer es más estudiosa que el hombre y más trabajadora. Las que sustentan su familia con su trabajo, al regresar al hogar deben velar por la educación, la salud y el bienestar de sus hijos. Es la primera en levantarse y la última en acostarse. En el trabajo barrial, son ellas las que con su esfuerzo sostienen la estructura política y su premio es el de ordenanza para ella o alguna de sus hijas y el ingreso como agente en la Policía o como guardiacárcel, para alguno de los varones. Nuestra constitución afirma que Salta es una democracia participativa. Es solo una proclama porqué el pueblo no tiene ninguna alternativa para hacer prevalecer su opinión. Tenemos una Auditoria que audita solo a los peces pequeños y la revocatoria de mandatos, que es la gran auditoría ciudadana, no existe ni en la Nación ni en la Provincia.
Nuestras instituciones permiten el poder absoluto del gobernador de Salta, asemejándonos más a una monarquía que a una república. La igualdad ante la ley, la fraternidad entre los salteños, la justicia sin mirar el color de piel, o la situación social, o el tamaño del bolsillo, depende de la voluntad de una sola persona. Así no hay igualdad. El cambio está en nosotros. Eligiendo. No solo votando.
Jesús nos marcó un rumbo. Y a mi entender, el modo correcto de seguir su estrella, es cumplir con la enseñanza del Papa Francisco, cuando afirma que la política es servicio; que los cristianos deben servir y que los cristianos deben actuar en política-
Meditemos la Pascua.
