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Vivir en el NOA: las tasas municipales también pueden empujar el costo de vida

Cada vez se escucha más en la calle y en los medios: vivir en el NOA es caro. Y esa percepción no sale de la nada. En marzo de 2026, la inflación en el Noroeste argentino fue del 4,0%, por encima del 3,4% nacional.


En la región, además, alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 4,4%, un dato que golpea de lleno en la mesa de cualquier familia.

En ese contexto, los fuertes aumentos de tasas municipales pueden agravar todavía más la situación. No porque expliquen por sí solos toda la suba del costo de vida, sino porque terminan impactando en comercios, servicios y actividades que luego trasladan ese mayor costo al precio final que paga el vecino.

La propia metodología del INDEC aclara que en el IPC no se consideran como gasto de consumo los impuestos y otros pagos no vinculados directamente al consumo del hogar. Es decir: una tasa municipal no entra de manera directa en la medición como si fuera un alimento o un servicio cotidiano, pero sí puede influir de forma indirecta cuando encarece la actividad económica local.

Por eso, cuando se dice que vivir en el NOA está cada vez más caro, la explicación no pasa por un solo factor. Pesan los alimentos, el transporte, los servicios, la educación y también, en algunos casos, la presión tributaria local. Si a una inflación regional más alta se le suman tasas municipales con aumentos bruscos, el resultado es claro: al vecino cada vez le cuesta más llegar a fin de mes.

 

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